“Hablé con el Rey de España”: la hija de Manolín Álvarez recuerda al pionero que dio nombre al Día del Radioaficionado Cubano”


 Cada 29 de septiembre los radioaficionados cubanos celebran su día en memoria de Manolín Álvarez
Álvarez. Un asturiano de Santiago de Ambás que llegó a Cuba, se enamoró de Caibarién y de su gente, y dejó una huella tan grande que el radioclub de la Villa Blanca lleva hoy su nombre.




En 2016, durante el Tercer Encuentro Nacional de Emisoras del Litoral, tuve la suerte de conversar con su hija, Emma María Álvarez Casados. Tenía entonces 80 años y todavía subía con buen ánimo la empinada escalera de su casa en María Escobar 26, altos. “Ya no lo hago corriendo como antes —me dijo riendo—, pero me sirve para mantenerme en forma”.

¿Cómo recuerda a su padre en la radioafición?

Era un hombre incansable. Fabricó su propia planta de radio poco a poco, porque ya no veía bien. Y era potente, ¿eh? Con aquel equipo no había horario ni para comer. Así son los radioaficionados cuando encuentran a alguien con quien hablar. Hizo amistades por medio mundo y acumuló cientos de QSL. Una cantidad que yo ya ni sé.

Hubo un contacto que le marcó especialmente…

Un día llegué del trabajo —yo estaba en el Banco Popular de Ahorro— y me dice: “¿A que no sabes con quién hablé hoy?”. Ya estaba muy mayor. “Hablé con el Rey de España”. Yo pensé: sabe Dios con quién habrá hablado realmente este hombre. Pero meses después llegó una tarjeta que decía solo: “Para mi amigo Manolín, de Juan Carlos”. Más tarde recibimos la QSL oficial de la estación del Rey, firmada por su ayudante.

¿Cómo fueron sus relaciones a través de la radio?

Muy buenas. Una de las más especiales fue con Emilio Sánchez, un radioaficionado de Gijón. Gracias a él, en Asturias se enteraron de lo que hacía mi padre aquí. Manolín le pidió un mapa de Asturias y un hórreo. ¿Sabes lo que es un hórreo? Aquella casita donde se guardan las semillas. Pues no solo se lo mandaron: la alcaldía de Candás le envió un hórreo de plata grabado. Él nació en un pueblo muy chiquito. A veces pienso que no tenía necesidad de venir a Cuba… su papá era maestro y vivían bien. Pero se aplatanó aquí y abrazó a esta gente como si fuera de toda la vida.

¿Cómo era su actividad en el aire?

Muy intensa. Sobre todo en una rueda que salía a las 12 del mediodía y reunía emisoras de toda Latinoamérica. Ahí papá no tenía hora. Mi madre le trajo después una planta más chiquita y moderna, porque ya casi no veía y le resultaba más fácil. Murió a los 94 años y hasta el último momento fue radioaficionado.

Hace poco donó su equipo al radioclub de Caibarién…

 

Sí. La planta que él fabricó seguía en la casa y no tenía sentido que estuviera guardada. Los muchachos del radioclub —que lleva el nombre de Manolín Álvarez Álvarez— me la pidieron. Yo pensé que era el mejor lugar para ella. Además les di tres cajas llenas de piezas. Espero que algún día la pongan a funcionar en su nombre.

¿Cómo lo recuerda usted como padre?

Como un hombre que pasó mucho trabajo, pero hizo lo que quiso y disfrutó de lo que le gustaba. Era bueno y se ocupaba de nosotros. Somos cinco hermanos. Y tuvo un apoyo enorme de mi madre, Olimpia Casado Mena. Ella era todo en aquella estación: lo atendía en la planta, hacía la comida y cuidaba de los muchachos. Siempre la reconozco. Fue un pilar fundamental.

Usted habla el lenguaje de los radioaficionados…

Sí, claro. Hablo de “cacharreo” y me río. Porque cacharrear es cuando las plantas no están perfectas, están hechas de mil maneras distintas. “Estamos cacharreando”, decimos. Yo me crié oyendo eso.

¿Qué les diría a los radioaficionados cubanos de hoy?

Que siempre han estado presentes en las grandes cosas de este país. En cualquier emergencia, en los lugares más difíciles, han dado cobertura cuando más se necesitaba. A veces no se les da la importancia que merecen, pero la tienen. Con el ciclón se volvió a demostrar lo que son realmente.

¿Nunca se inclinó usted por la radio? 


Soy la única de la familia a la que no le dio por ella. Mi esposo fue radioaficionado y después lo dejó. A mi nieta mayor sí le gusta: tiene programas en la emisora. Yo soy más penosa. Pero quiero decir que la radio en Caibarién siempre ha cuidado la memoria de mi padre y de nosotros. Los radioaficionados no se conocen… y sin embargo son como una familia.

Manolín Álvarez Álvarez falleció en 1986, pero desde joven, junto a su esposa Olimpia, formó parte de los verdaderos iniciadores de la radio en Cuba y en Iberoamérica. Por eso, cada 29 de septiembre, los radioaficionados cubanos celebran su día.

Nota: Esta entrevista se publicó originalmente en 2016 en la web Frcuba.

 ✍️Colaboración: Héctor García León (CO7HH)

 

 


co7hh

Mi nombre es Héctor García (CO7HH), soy radioaficionado cubano desde el año l975 en que realice mi primer examen. La radioafición es mi gran pasión. Lobré como profesional de la radio durante 40 años y soy miembro de la Unión de Periodistas de Cuba.

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